Ha entrado de golpe, sin pedir permiso: ¡qué mal educado! Lo que hace un tiempo era un instrumento más de aprendizaje, complementario y mediante dispositivos digitales, amenaza con convertirse en un modelo muy potente.


Y no me emociona en absoluto, muy al contrario me preocupa mucho y quiero incidir en ello: en el carácter alternativo, en parte sustitutivo, del modelo de nueva enseñanza provocada por el COVID y que en ningún caso puede ser sino un mero acompañante de la educación presencial. No nos equivoquemos elevando a la categoría de imprescindible lo que solo debe  ser temporal, aunque en un grado mayor de lo deseable; una alternativa que no debe quedarse por mucho tiempo en la escuela (sistema educativo).

 

Las circunstancias

Es cierto que son las circunstancias del covid-19 las que han provocado el confinamiento, al que nos hemos adaptado como hemos podido ante una amenaza sin precedentes; mis más sinceras felicitaciones a los centros educativos, docentes y demás implicados por su rápida adecuación a los formatos online (si me permiten, en línea) consiguiendo evitar el colapso: quizá esto pueda servirnos de autocrítica  para reflexionar sobre los resortes que necesita revisar el sector educativo.

Son pocas las oportunidades que se nos presentan como esta (en las peores circunstancias posibles) para poder analizar las mejoras que necesitamos introducir en maquinaria tan compleja y en constante movimiento como es la enseñanza.

Debe quedarnos claro pues (creo que es ampliamente compartido) que el formato en línea  es una solución a medias que no alcanza a completar el proceso de aprendizaje de todo el alumnado, pues presenta problemas de diversa índole: la brecha educativa que por desgracia sigue existiendo y afecta notablemente a jóvenes con menos recursos; el descenso en el nivel de muchos estudiantes al haber afrontado la recta final del curso con exigencias, hábitos y metodologías diferentes; incluso se han puesto en peligro fundamentos educativos básicos como la socialización, la atención personalizada o el apoyo emocional, vitales para el desarrollo de cualquier estudiante, algo tan grave como el propio virus covid.

 

La incertidumbre

Ahora el mayor problema radica en la incertidumbre que la pandemia ha dejado tras de sí. Hemos de ver cómo afronta el alumnado el próximo curso sin contar en muchos casos con los conocimientos y competencias necesarias; si se podrá desarrollar con normalidad o no, pues muchas familias son reacias  a llevar a sus hijos al colegio si no se garantizan unas condiciones mínimas de seguridad, lo que exige  más recursos, tanto humanos como espaciales, y en la misma línea se manifiesta gran parte de los docentes.

Mi reflexión pretende trasmitir la necesidad de que debemos prepararnos y de que debemos hacerlo con talento. Va a ser un curso extremadamente complicado y el parón impuesto por ese intruso indeseable puede marcar la diferencia entre una crisis que como todas pasará sin más o  en una oportunidad transformadora en lo que a la educación se refiere. Los problemas están ahí y necesitamos poner mucho de parte de todos para que aquella salga reforzada y no mermada: sé que es posible.

Por ello insisto: tenemos que prepararnos, elaborar planes de estudios exigentes pero adaptados a la situación; abordar nuevas metodologías que permitan recuperar el tiempo perdido, preparar todos los escenarios posibles, en pos del mejor aprovechamiento de los recursos y espacios de los que disponemos. Y para todo ello necesitamos inevitablemente mayor inversión pública (también privada).

 

Trabajar en valores

Considero también buen momento para profundizar en una educación donde de manera transversal se trabajen valores como la responsabilidad, el esfuerzo y el respeto entendidos en su concepto más amplio: devolvamos a la escuela lo que nunca debió salir de ella.

Un claro  ejemplo de esto lo vivimos hoy al observar  el comportamiento de determinadas personas y colectivos que incumplen  las normas sanitarias  contribuyendo con su desidia a postergar la salida de esta situación.

Nadie dijo que fuera fácil, pero estamos ante la oportunidad,  quizá única, de escapar  más fuertes de esta desgracia. Y es tarea de toda (la tribu).

¿Nos preparamos y damos el paso?

 

Miguel Ángel Heredia García

Presidente de Fundación Piquer


Este artículo fue publicado en la edición impresa de Heraldo de Aragón en su edición del 02 de septiembre de 2020. También puedes leer la entrevista realizada a Miguel Ángel Heredia en Heraldo de Aragón sobre la realidad educativa de la covid-19.

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