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Susurros en la oscuridad en Heraldo Escolar

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Tim tenía cinco años. Su aspecto ojeroso junto al constante nerviosismo de su comportamiento hacía que nadie le hablase. Le encantaría ser un niño normal, estudiar, reír, jugar, correr... Su insomnio le hacía ser diferente.

Lucas era un chico afable. El niño extraño de clase le resultaba curioso y no entendía porque nunca se acercaba a los demás. Una semana se propuso que aquello cambiase. Se sentó con Tim en clase, día tras día, le hacía algún comentario pero él nunca contestaba, sólo miraba por la ventana. Lucas siguió intentándolo, no se iba a dar por vencido tan fácil. Le resultaban graciosos sus dibujos, esas sombras gigantes con ojos rojos. Tim era un chico muy misterioso. Al final de semana Lucas ya hablaba con Tim de sus cosas. El viernes le contó una cosa muy rara que le dejó hasta muy tarde despierto. Ahí empezó todo. Ahí empezó a no poder dormir.

El armario era cada vez más grande. Lucas veía sorprendido como las puertas se abrían y cerraban sin cesar. La tormenta inundaba el pueblo. El grito de una mujer le sorprendió mientras los destellos de los relámpagos creaban sombras en los árboles que rodean la casa de su abuela. Un hombre caminaba calle abajo con una linterna. Iba buscando algo entre la intensa lluvia.

Los ojos me miraban, me observaban desde las profundidades del viejo armario. Desde unos días atrás, todas las noches de tormenta se abría una puerta mágica a algún extraño mundo de pesadillas y aparecían, en la oscuridad del armario, esas extrañas formas que me observaban. Ojos rojos en las sombras. La abu decía que no temiera, que eran duendes que venían a asegurarse de que los niños descansan; decía que tomaban esas formas para asegurarse de que todos viajábamos cada noche al mundo de los sueños. Le pregunté una vez que por qué hacían eso. Se me acercó. Los dos sentados junto a la chimenea encendida, encima una repisa en la que formas de luz y sombras bailaban bajo el compás de las llamas; en ella las fotos de papá y mamá me sonreían. Apenas los recuerdo. Abu decía que eran maravillosos y muy valientes. Que yo sería así un día; que me vigilaban y protegían constantemente. En ese momento, los dos junto a la chimenea, descubrí la verdad. Abu me susurró que los duendes eran nuestros guardianes en la noche y nos protegían de ellos. ¿De quién? Le pregunté. De los Sombras que susurran en la madrugada. Los que roban los sueños de los niños y les provocan terribles ataques de risa que les hacía mearse en la cama. Y que cuando eres muy viejo, vienen a por ti, te llevan a su mundo y te convierten en uno de ellos. Los ojos me observaban al fondo del armario. Cada vez había más, cada vez se oían más susurros. Susurros que se convertían en alboroto creciente.

Luces rojas y azules inundaban la habitación. El hombre solitario estaba junto a más personas bajo la lluvia. Eran policías y le tenían esposado. Me deslicé de la cama para acercarme a la ventana, las linternas iluminaban un cuerpo junto a la casa. ¡Era la señora Winckell y el detenido era su marido! Me giré hacia el armario rápidamente. Tenía su tamaño normal de nuevo, en la puerta abierta sólo se veía mi ropa. No eran a mí a quién buscaban. - Pobre señora Winckell se la han llevado los meones- susurré.

Eso sucedió en el verano de 2016, hace más de setenta años. Tim se convirtió en mi mejor amigo y me casé con su hermana. Aprendí que en clase está muy mal dejar a alguien al margen. Que si damos esa oportunidad y confiamos en las personas que son diferentes a nosotros, la vida nos regalará grandes sorpresas. El marido de la señora Winckell paso su vida en la cárcel muy arrepentido. Por fortuna, en el mundo de hoy los hombres y mujeres se respetan y llevamos años sin tener ningún caso de violencia sexista. Desde aquel verano he dormido siempre ocho horas. Estudié muchísimo, fui muy amable con todo el mundo. trabajé de profesor y transmití el mensaje de que el sueño es muy importante para estar en forma en los estudios. Ya lo dijo un sabio pintor, el sueño de la razón produce monstruos. Un momento ¿qué es eso del armario? ¿Abu?

 

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