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El camino de la excelencia – ¿Nos apuntamos?

 

“¿Nos apuntamos?”

 

Hace un par de semanas, con motivo de la obtención del Sello de Oro Aragón Empresa y con el objetivo de contextualizar este reconocimiento, pude hablar sobre la camino a la excelencia y qué había supuesto tal cuestión para Grupo Piquer en sus más de 30 años de andadura. Ahora, una vez pasada la resaca  del Foro de la Excelencia Empresarial 2017 y con la responsabilidad y el compromiso de mantener el rumbo en la misma dirección, puedo asegurar que el evento dejó importantes reflexiones que es necesario subrayar, ya que quizá, y sobre todo desde el más profundo sentimiento de colaboración, puedan ser de gran ayuda para aquellos que estén interesados en coger el testigo de lo que es una forma de entender una organización.

David Fischman, escritor, columnista y consultor internacional, dijo en una ocasión que el buen líder motiva a las personas en su entorno laboral, pero el líder extraordinario crea un entorno donde las personas se motivan a sí mismas. No digo esto porque yo sea un buen líder, juzgarlo no me corresponde a mí, es un ejemplo de que son las personas las que consiguen que la excelencia se haga patente en cualquier proceso que se lleva a cabo en una empresa. El orgullo de pertenencia marca el itinerario de lo que yo llamo la ‘Teoría de las 3 I’, que se traduce en: innovación, intraemprendimiento e implicación. No se puede valorar exclusivamente los conocimientos de un candidato para un determinado puesto, es esencial valorar, quizá con más intensidad, las competencias que requiere dicho puesto. Que las empresas contraten por conocimientos y rescindan por competencias es algo que se debe evitar a toda costa.

 
 
 
 
 
 

Pero, sin duda, esto solo es el principio de un largo camino. Ese desarrollo competencial del que hablamos se ha de tratar continuamente y mejorarlo a cada paso. Para ello es primordial una valoración constante del desempeño de cada persona en su puesto de trabajo que permita una política de formación continua alineada a los objetivos que se pretenden alcanzar de acuerdo a las necesidades de la empresa. Porque está muy claro que los objetivos varían, y como consecuencia de ello, las competencias necesarias. Y que quede claro que, cuando hablo de formación, no solo hablo de cursos, seminarios, clases como métodos de aprendizaje tradicionales, hablo además del trabajo de un relación cercana que permita que tus colaboradores te conozcan de cerca y sean partícipes de la política de organización de la empresa: un aspecto más que vital.

Después entra en juego el impacto en la sociedad y la necesidad de velar por ello, al fin y al cabo, una empresa que ofrece productos y servicios se debe a esos destinatarios, la conexión es evidente. Independientemente del tamaño de la empresa, debe ser prioritaria una estrategia de impacto en la sociedad que, por supuesto, debe ajustarse lo más posible a su idiosincrasia y posibilidades. No es algo que pueda dejarse a su libre albedrío o se mueva por los vientos de cambio de otras organizaciones. Me explicaré mejor, en el caso de las redes sociales, por ejemplo, tan manidas en la sociedad actual y  estudiadas desde cualquier punto de vista posible, han de trabajarse con un plan definido, medido y planificado al milímetro. Esta improvisación propia de algunas organizaciones que alegan “He hecho un perfil de Facebook de mi empresa porque me han dicho que tengo que estar ahí” o “Tengo una web porque todos me dicen que debo tenerla” ponen de manifiesto la necesidad de profesionalizar la utilización de estas herramientas teniendo claro el para qué, por qué, cómo y a quién me dirijo. No es posible gestionar el impacto que tenemos en la sociedad si ni siquiera sabemos por qué hacemos lo que hacemos.

Es fundamental destacar que es imprescindible analizar de forma sistemática qué impacto y en consecuencia qué retorno tiene nuestra estrategia y para ello debemos contar con indicadores fiables: número de visitas a nuestra web, número de asistentes a un evento, número de seguidores en una red social… El siguiente paso es saber cuántas de las personas que han solicitado información de nuestros productos, han pasado a ser clientes; mediante qué canal nos ha conocido, si volverían a confiar en nosotros... Toda esta información es la clave para llevar a nuestra organización por el camino de la excelencia.

Cerremos el círculo de esta manera: para mí la excelencia consiste en hacer las cosas bien de manera continuada y no cabe otra orientación que la satisfacción del cliente, y de esas personas de las que hablábamos antes. Comunicar y conocer los propósitos y objetivos de tu empresa hará que las personas también los sientan, clientes y empleados. Quizá lo ilustre mejor una frase que dijo Mitt Romney: “Las empresas son personas, amigo mío... ¡por supuesto que lo son!”.

¿Nos apuntamos?

 

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