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El baile de primavera – Cuentos con valores de Fundación Piquer en Heraldo Escolar

El baile de primavera

El baile de primavera

Los niños que comen ajos tienen muy buenas notas. A los niños que saben lo que quieren les encanta comer ajos, ese picorcillo en la lengua al saborear la leche de su interior, esa puerta que se abre al paraíso. El mejor sabor del mundo. ¡El sabor del ajo! Un buen tomate, es mejor tomate si lleva ajo; lo mismo con las patatas fritas y con cualquier comida. Los ajos son el futuro. ¡Buen corazón, buena salud y gran sabor!¡Compre Ajos Agudo, los mejores del …- Sara apagó la televisión, dejando a su padre, Matías Agudo, horrorizado por ello. - ¡Ahora venía el cierre triunfal!- protestó mientras veía a Sara irse a su habitación como si nada fuese con ella.

-Esta niña es de lo que no hay, la verdad ¿Qué diantres le pasara por la cabeza? Siempre tan ausente y a su bola- dijo Matías.

-Se comporta así porque ningún chico ni chica de clase le habla. Me lo ha dicho Marta- aclaró Vero, su hermana menor. ´- ¿Y por qué no le hablan?- inquirió extrañado su padre. - Porque dicen que le apesta la boca y que huele a mofeta muerta cuando habla- respondió Vero mientras volvía a encender la tele y zapeaba de canal en canal. - ¡¿Qué le huele mal la boca!? ¿¡Qué tonterías son esas!? ¡Mañana mismo iré a hablar con la tutora a ver qué está pasando en ese corral de pequeños demonios!

Al día siguiente, tal como prometió, el padre de Sara esperaba sentado a que la profesora Benítez le aclarase sus dudas.

-Mire señor Agudo, los niños a estas edades pueden ser muy crueles. Sara es una chica inteligentísima, la primera de la clase durante varios cursos, pero bien es cierto que lleva varios trimestres bajando las notas… Al principio creía que era algo puntual, debido a este período en que las niñas empiezan a desarrollarse como mujeres. Esto no es la razón, aunque algo tiene qué ver. La verdadera razón es…. A ver cómo se lo digo… Esto…- dudaba la tutora al encontrar las palabras adecuadas. - ¡Pardiez! ¡Diga ya lo qué es! Mi hija pequeña afirma que es porque le huele mal la boca ¡Qué soberana tontería! Venga, dígame el verdadero motivo ¡No tengo toda la mañana!- exigió don Agudo. - Esto… es porque… - seguía dudando la profesora -¡Válgame, me van a salir pelos en las orejas! ¡Dígalo!- vocifero Matías que llevaba ya cuarenta minutos reunido con la tutora y no había conseguido sonsacar los motivos de la aversión de la clase hacia su primogénita.

-¡Es por los ajos!- gritó al fin liberada la tutora. La cara de Matías paso por varias fases: sorpresa, enfado, incredulidad, tristeza, ira, resignación… Pasaron los segundos, empujados a latigazos por el chofer de las saetas del reloj colgado en la pared pues parecía que el tiempo se hubiese congelado en esa confesión. Tras media hora, Matías salió convencido de que había encontrado la solución. La semana siguiente era el baile de primavera y él se había comprometido a llevar todo el catering. Tras muchas discusiones con Sara, la convenció para ir al baile. Ella estaba radiante con su vestido azul ajustado. Era idéntica a su madre cuando tenía sus años. Seguro que estaba orgullosísima desde el balcón dónde los que nos protegen miran los grandes eventos de los que seguimos aquí, allá en la cafetería del cielo, orgullosa de hija.

Al llegar al baile, Sara no se creía lo que veía, por todos lados había comida aliñada con ajos, la banda de música eran “Los Ajos Boys” y la gente reía mientras bebía ponche y picaba de las tapas. A todos les parecían buenísimas. La cara de su padre salía en algún póster de Ajos Agudo que era el promotor del baile. La música era buenísima, adaptaciones de los grandes éxitos del momento. Sara se dejó llevar por el ambiente, cuando de repente se sorprendió de que estuviera riendo en un grupo de chicas de clase y hablando sobre los chicos que les gustaban. Ese día fue maravilloso, y más cuando gracias a la trama que urdieron un par de compañeras le pidió bailar Tomás, el chico más guapo de todo el colegio. Ahí recibió su primer beso. Bueno, realmente muchas y muchos se dieron sus primeros besos. Y todo tuvo algo en común, el sabor a ajo.

En este cuento, hemos aprendido como los posibles defectos de las personas nunca son una razón para el rechazo, y además, algo muy importante, que las personas que nos quieren, aunque creamos en ocasiones lo contrario, siempre van a vigilar por nuestra felicidad.

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