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El árbol y la llorona en Heraldo Escolar

El árbol y la llorona

El árbol y la llorona

Tenemos que ser capaces de reflexionar, de analizar si las cosas que hacen sufrir a los demás son necesarias, si tienen sentido. Si la respuesta es «no», propaga el mensaje de nuestro amigo Borbol.

Cuando se es un árbol no hay mucho que hacer a lo largo del día. Ver pasar las nubes, notar las hormigas corretear por tu corteza, sentir el agua de la lluvia por tus hojas. No es tan buena como antaño, sabe un poco a cosas de humanos y te quema las puntas de las raíces; tampoco he sido nunca muy escrupuloso. A mí me sabe rica. Como decía, ser un árbol es, normalmente, algo monótono; este no es mi caso. Tengo la suerte de haber crecido fuerte en mitad del patio de un colegio de humanos.

Las crías de los humanos son algo verdaderamente raro, corren por todos lados, se paran, hablan solas, ríen sin motivo, se enfadan, lloran… No soporto cuando lloran. Se me escaman las ramitas. Qué insoportable sonido. Por lo demás, suelen ser divertidos de observar. Aunque, a veces, me gustaría ser un árbol frutal para tirarles a esos retoños algo en la cabeza cuando me confunden con su orinal. Hay una niña que me tiene especial cariño, todos los días viene a acurrucarse en mi tronco y mira algo entre sus manos con especial atención. Lo que sujeta me recuerda a las hojas del viejo Bronco, el árbol centenario del bosque de coníferas cercano al colegio. En ocasiones, me manda mensajes a través de los mirlos que anidan en sus ramas. Por ahí todo es muy tranquilo, «la vida en el bosque, la vida mejor». O eso dice el viejo Bronco.

¿OS HE DICHO QUE LLEVA MUCHO TIEMPO LLORANDO?

Bueno, bueno, volvamos a la niña. Los árboles somos propensos a hablar sin parar. Tantas horas con nosotros mismos… La cuestión es que mi visitante lleva un tiempo llorando sin parar cuando viene a verme. Como no sé humano no puedo preguntarle qué le ocurre. Se pasa todo el rato llorando y ya, últimamente, ni mira sus extraños objetos como siempre ha hecho. Sospecho que tiene algo que ver con el resto de las crías humanas. ¡Tantas horas pensando! Por eso somos tan sabios los árboles porque le damos muchas vueltas a todo y desde el punto de vista más simple. Esa es la clave. ¿Sabéis que los árboles no tenemos sangre sino savia? ¿A qué os recuerda esa palabra? Pues yo os lo voy a descubrir, la savia es la sangre de los sabios ¿Y quiénes son las criaturas más sabias en el ámbito terrestre? Los árboles, por supuesto. ¿Por dónde íbamos...? ¡Ah, sí! ¡La mica de dos patas! Qué simpática criatura. ¿Os he dicho que lleva mucho tiempo llorando? Se me están salando las hojas. Bien, me preocupaba un poco el extraño comportamiento de la humana, así que le pedí al viejo Bronco que me prestase un par de mirlos para reunir información. Tras unos días de exploración, esto fue lo que me dijeron.

«Pío, píiii, píoo. Píiio, píooo», dijeron los pájaros, y muchas más cosas extrañas sobre las crías humanas. ¡Ahí va! No me acordaba, ¡si los humanos no podéis hablar otro lenguaje que no sea el vuestro! La verdad, vaya especie más simplona… Debéis escuchar más a los demás seres vivos. Aprenderíais mucho. Os haré un resumen porque me habéis caído bien; tampoco es difícil, a los árboles nos caen todos bien. Por algo damos oxígeno a todos los seres vivos. Ahora que lo pienso, deberíais portaros mejor con nosotros… Bueno, eso se lo dejo a los sauces llorones, que son los que llevan lo de las protestas vegetales.

¡La historia de la niña! ¡Euuuu… Borbol! –por cierto, no os he dicho que Borbol soy yo–. Ya me acuerdo, la humana está inaguantable porque las otras crías no le dejan jugar junto a ellas. Le dicen que tiene demasiada masa corporal y la humillan por ese motivo. Y eso es todo. Llevo días dándole vueltas a esto y os juro que no tengo ni idea de qué sentido tiene. De verdad que no lo entiendo. He pedido consejo a los sabios del bosque y su única respuesta ha sido: «cosas de humanos».

Verdaderamente, sois una especie de lo más curiosa y extraña. Mírala, otra vez llorando. ¡Ojalá tuviese piñas! Cualquier cosa. No aguanto este sonido. Me estoy deshojando del estrés. Amigos y amigas de Heraldo Escolar, si tenéis respuesta a este extraño comportamiento y, sobretodo, si sabéis la solución, ¡por favor, decídmela!

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